"Esas nubes amarillas que surcan un bello cielo púrpura han descargado por primera vez, después de tantas canciones melancólicas, tibias gotas dulces sobre mi aletargado cuerpo tendido en la arena gris; se recombinan con mis evocados días imprecisos y la libertad de la ausencia y los errores de la impaciencia y la amargura de la derrota y el egocentrismo... mas risotadas interrumpen el momento, me pongo de pie, es un ruido muy jocoso que se convierte en un clímax auditivo, va incrementándose más y más mientras hallo una tensa esperanza de resurrección de mi alma en pena, y vocifero -Si llego a verlas reir seré feliz, lo deseo desde lo más profundo de mi ser, ¡Vamos, manifiéstense ya, dónde están, dónde están, no dejen de reir!-, el ruido es incesante, casi apabullante, de pronto se detiene, unos segundos de tensión... silencio...
De repente aparecen decenas de manchas de colores rojizos y azulados flotantes, se aproximan vertiginosamente hacia mí, ríen sin cesar, su energía dominante me tiende sobre la arena, casi no puedo respirar, me embarga una desconocida paz, calma absoluta... doy mi último suspiro y me voy como una espíritu verdeazul planeando por la inmensidad del cielo púrpura disfrutando de las salvajes carcajadas de centenares de manchas de colores indescriptibles..."
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